
Curiosamente Ricardo Rubio lleva el mismo tiempo en la Associació Empresarial de Picanya (AEPI) y frente a su empresa, Imprenta Picanya: quince años. 2010 fue el año en el que decidió emprender, junto con su socio, tras quince años trabajando en el sector de las artes gráficas y abrió las puertas de una imprenta frente al ayuntamiento de la localidad y de un taller de gran formato en el polígono industrial Raga de Picanya. Ese mismo año decidió asociarse a AEPI, por los servicios que ofrecía la asociación y porque “la unión hace la fuerza”, y, poco a poco, fue adquiriendo responsabilidades, primero como secretario y, en la actualidad, como presidente. “En estos años, AEPI ha evolucionado, debido a la incorporación de personas / comercios / empresas jóvenes y dinámicas con ganas de darle ritmo a la asociación”.
Precisamente ya como presidente le tocó hacer frente a las consecuencias de la DANA del pasado octubre de 2024. “Ha sido muy dura de gestionar desde dentro. El momento más difícil fue al principio. Cuando cundió el desánimo, la desesperación y la incertidumbre. Luego, conforme iban pasando los días, era cuestión de limpiar y ponerse de nuevo en marcha. Menos mal que había personas de la asociación que no estaban en Picanya y eso nos vino muy bien para gestionar muchas ayudas, recoger enseres, etc.”, apunta para destacar la colaboración desinteresada de muchos asociados y de los voluntarios y la voluntad de todos para “ponerse de nuevo en marcha”: “Ha habido buena predisposición de proveedores, trabajadores, etc. En positivo, me quedo con la solidaridad de los voluntarios y entre las empresas, ayudándonos entre todos, lo que le faltaba a uno se lo daba el otro y al revés; lo que menos me ha gustado es la gestión de la Administración, siempre tarde y con distinto ritmo al nuestro”.
Una actuación como presidente de AEPI que tuvo que compaginar con volver a poner en marcha su propia empresa: “Fue muy duro, tanto a nivel personal como profesional. Hemos tenido que reconstruir todo nuestro negocio en las dos instalaciones, además de las pérdidas de vehículos y los trasteros…, pero tengo que decirte que nosotros hemos tenido mucha suerte con clientes y proveedores. En un mes ya estábamos funcionando a un ritmo de 50% y en marzo de 2025 ya estábamos al 100%”. Al igual que ellos, la mayoría del tejido empresarial de Picanya. Según comenta Ricardo Rubio están todos en funcionamiento, solamente ha habido dos industrias y dos comercios que no han vuelto a abrir.
Ahora lo que más preocupa, según explica el presidente de AEPI son los ingresos que tiene que realizar el consorcio de seguros, “todavía hay muchas empresas que están pendiente de liquidarse, eso es fundamental para un buen equilibrio emocional y empresarial”. Y eso que, como Ricardo reconoce, ha vuelto el optimismo a la zona y miran al futuro con entusiasmo, pendientes de "muchos proyectos muy interesantes para el polígono y para las empresas, así como para los comercios, con muchas actividades y mucho dinamismo”.
Porque en Picanya hay mucho “empresario responsable”, como define Ricardo al empresario que “lucha con todas sus fuerzas para llevar adelante su proyecto; si eres un empresario irresponsable lo que harás es que cuando no puedas seguir con el proyecto, cerrarás y dejarás a mucha gente tirada, trabajadores, proveedores, etc”.
Dinamismo del tejido empresarial de Picanya
Ricardo también resalta en varias ocasiones el dinamismo del tejido empresarial de Picanya. Algo que cualquiera que conozca la zona puede confirmar. Él cree que es una suma de varios factores, aunque destaca uno: la ubicación. “Picanya está estratégicamente situada, está en el centro de ‘casi’ todo, tenemos muy próximas a muchas poblaciones y a la capital. Por ese motivo los polígonos han sido siempre muy activos, se van yendo empresas, pero se incorporan otras nuevas de manera inmediata, que suelen ser empresas grandes y con importancia a nivel tecnológico”. De hecho, en la actualidad, reconoce que falta suelo industrial que pueda atraer, “lo que hay ahora es muy poco y muy caro”.
Pero, aunque hay alguna gran empresa instalada en los polígonos de la localidad, en el tejido empresarial de Picanya predominan las pequeñas y medianas empresas y micropymes. Unas pymes y micropymes que no tienen los recursos necesarios para implantar estrategias en innovación y sostenibilidad.
De ahí que Ricardo vea necesaria la colaboración entre AEPI y alguno de los institutos tecnológicos de REDIT para estudiar proyectos y ver cómo acercar la innovación a las empresas de la localidad, porque “ahora mismo, por iniciativa propia de la empresa lo veo complicado”, apunta y explica el porqué de manera muy clara: “Ten en cuenta que la mayoría somos empresas pequeñas, no departamentadas, y cada tarea que quieres hacer nueva recae siempre en las mismas personas y ya estamos muy saturadas. Si me dijeras: ‘Ricardo voy a poner a una persona en tu empresa, pagada por el estamento X, para que os implemente este tema de innovación en el área Z y que tú vayas despachando con él semanalmente para que te informe y vas viendo como tu empresa va a ir mejorando, …’ Ahí sería más fácil hacerlo, pero como te decía, por iniciativa propia de la empresa lo veo complicado”.
El reto de implantar las EGM
Y es que, como bien está notando ahora con al intentar implantar una Entidad de Gestión y Modernización (EGM) en los polígonos, algunas empresas son reacias a esas inversiones: “Ahora mismo estamos inmersos en la creación de EGM para los polígonos [Picanya cuenta con tres polígonos: Alquería de Moret, Raga y Taronja] y son escépticas. No se creen lo beneficios que pueden traer ciertas mejoras por un módico precio, piensan que tan sencillo no puede ser, hay desconfianza, piensan que ‘hay gato encerrado’…”. Aunque Ricardo es también optimista en este punto: “Estoy seguro que en cuanto demos un primer paso y comprueben que realmente es cierto que ser EGM trae mejoras, que se puede avanzar, se moverán y se sumaran”.
De hecho, una de esas ventajas de la EGM que a Ricardo, como presidente de AEPI le gustaría ver realizada “aunque sea a largo plazo” es contar con un espacio para crear “un vivero de empresas de nueva creación a nivel tecnológico y que pueda ofertar nuevas posibilidades a las empresas existentes”.
El otro reto en el que está inmerso, tanto el Ricardo empresario como el Ricardo presidente de AEPI, es el encontrar mano de obra “con ganas de trabajar, aunque no tengan idea del trabajo a desempeñar, pero sí sentido común para abordar el trabajo. Es muy complejo y la volatibilidad en ese aspecto es muy grande, porque lo que más vemos es mano de obra, sin cualificar, sin ganas de trabajar, pero con muchas ganas de cobrar mucho dinero”, crítica.